23 enero 2006

ERMITA CRISTO DEL ZAPATO (VALLE DE LECRÍN)

 
 
 
 
 






 

















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ERMITA CRISTO DEL ZAPATO

Ruta que realizamos ayer domingo, 22 de enero, saliendo para ello desde Granada a las 10 de la mañana; tomando la A-44, la Autovía de la Costa, y abandonándola en la salida de El Valle.  Llegando a Lecrín, bajamos por la carretera comarcal hacia Restabal. Allí dejamos el coche aparcado en la Plaza. ¡Fuera mochilas y bastones!. Nos calzamos las gorras y gorros, mientras la ilusión ya iba por delante. Abordamos la famosa “Cuesta del Calvario” - una pronunciada pendiente hormigonada- que te lleva hacia los depósitos municipales de agua. Un poco antes del final de la misma, hay un carril a la izquierda que pasa por un camping medio abandonado, unas canteras de mármol y ya para finalizar el carril, te deja por encima de los lavaderos de Pinos del Valle. Son las 12:15 cuando nos empinamos sobre dicha localidad y nos disponemos a tomar la vereda zigzagueante que sube directamente a la ermita del Cristo del Zapato. Tras unos 45 minutos aproximadamente la tomamos. No sin antes, hacer las paradas oportunas para observar las vistas que se van ganando tras el lento ascenso. Las reducidas aguas del pantano que atrapa la presa de Béznar allí abajo. El pico del Caballo de frente y, como la naturaleza manda, Sierra Nevada ligeramente nevada; Lanjarón hacia la derecha y la Sierra de los Guájares a nuestras espaldas; y aquí arriba, la ermita sobre el Cerro de Chinchirilla o Chinchirina. Pequeña y blanca; tan blanca y tan pequeña. En su centro y en sus adentros, el altar coronado con el cuadro del Cristo del Zapato que según consta en su leyenda, en él mismo dibujada, fue colocado aquí mismo sobre el siglo XVIII y representa a Cristo crucificado calzando sólo un zapato.
A las 13:00 decidimos comer allí, a 1.052 m.a. Las vistas lo merecían y las energías gastadas pasaban factura. Pero pronto se convertirían en pasado.
Tras media hora de avituallamiento (lo mejor de las excursiones según casi la mayoría), doble alegría- la tripa llena y la mochila vacía- dan señales de ello. Así que nos volvemos por la misma vereda que subimos, sólo que llegando al final y para no descender demasiado, porque de nuevo tendríamos que volver a una cota superior, tomamos una vereda a la izquierda. Pero todas las intuiciones desembocarían en lo mismo. Toda vereda poco transitada y abandonada a la suerte de la naturaleza, se borra porque pasa a formar parte de ella. Y ésta no iba a ser la excepción, más bien la prueba del porqué los bosques arden por el abandono y culpa, casi siempre, por la estupidez del hombre; así que pronto tuvimos que olvidarla para salir de nuevo al carril del camping abandonado y a un kilómetro, aproximadamente, retomar la Cuesta del Calvario para finalizarla hasta los depósitos municipales, donde parte un largo carril hacia el pueblo de Saleres.
¡Bajada, bajada a la vista! Que bonitas palabras, cuando se baja de verdad y más acompañados de naranjos, de grandes y centenarios olivos. Porque en estas tierras, en este Valle, han aprovechado su clima y la mano del hombre. Porque los olivos los dejan crecer y crecer para que les sirvan de cobijo a los naranjos y hagan, de esa cercanía, su refugio, su armadura, contra las posibles heladas del invierno. También observamos, a pesar de la sequía que padecemos, una gran cantidad de enormes depósitos circulares de agua para el regadío. Porque aquí todo está inundado de kilómetros de tubería de goma negra (pvc) para el goteo, para aliviar la sed de los naranjos incluso la de los olivos centenarios.
¡Naranja, naranjas a la vista! Nota dominte en el paisaje hoy. Todo un contraste con el verde, el azul y el blanco de Sierra Nevada al fondo. Al final de la pronunciada vereda, llegamos al río Saleres, Albuñuelas o Santo, y que abastece el embalse de Béznar, con sus vecinos Dúrcal y Torrente. Lo cruzamos, sin problemas y llegamos al pueblo de Saleres, para luego volver por un paso hormigonado de nuvo a su margen derecha. Desde allí nos dirigimos a Restabal, atravesando como por entre el corazón de este Valle.
A las 17:30 horas llegamos de regreso al coche. Nos encaminamos de regreso hacia Granada, no sin antes hacer una parada en el Restaurante "Los Naranjos" de Melegis, donde tomamos café y compramos varias redes de naranjas. La joya de la corona de este hermoso Valle, con mayúsculas. ¡Un saludo y hasta la próxima!

8 comentarios:

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Yo también he adherido al Creative Commons: mi opinión es que que el conocimiento, cuanto más libremente circule, mejor para todos.

Un saludo y gracias por compartir tus conocimientos...

Nicola Comunale