03 julio 2006

TRAVESÍA CON VIVAQUEO: JÉREZ DEL MARQUESADO - TREVÉLEZ








































































































































































































































































































































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TRAVESÍA CON VIVAQUEO: JÉREZ DEL MARQUESADO - TREVÉLEZ
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Podría decirse que gracias al destino hemos podido realizar esta magnífica travesía desde Jérez del Marquesado hasta Trevélez, incorporándonos a la Peña de la Chancla Veloz. Contacto que hicimos a través de mi primo Antonio y porque ya tocaba, ya tocaba apretar las piernas y dormir al raso bajo las estrellas, acá por Sierra Nevada.
Pues arreando, que es gerundio y que la ilusión se enfriaba. Sobre la ocasión nos pusimos en contacto y quedamos para conocernos y comentar el itinerario. La cosa resultaba y resultó tanto que no pudimos negarnos a la invitación y apertura de brazos y a la evidencia de que aquello prometía lo más grato. Total, que nos incorporaron brindando por esa entrada a su Peña y nosotros sin pensárnoslo quedamos para ésta, su IV Travesía, y que este año les tocaba la que comento a continuación para disfrute de la memoria y sosiego de los pasos. Y hasta la próxima quedamos, según consta en acta.
Salimos 18 componentes, todos “debidamente uniformados” y gracias al esponsor patrocinador (una oreja para ese Juanma y otra para los guías) el sábado día 1 de julio a las 8:15 horas en microbús desde Granada, fletado para la ocasión con dirección a Jérez del Marquesado, con dos paradas previas sobre el itinerario. La primera como estreno del quita puntos gallina blanca que casi le cuesta al conductor porque nos paró la Guardia Civil de carretera por ir demasiado despacio (si es que el microbús no podía con las mochilas ni con tanta ilusión de cara). Y la segunda para tomarnos en Diezma ese pedazo desayuno a lo grande. De aquí todo seguido hasta Jérez del Marquesado y un poco de labia para que el conductor se tirara el detalle de subirnos carril arriba hasta las inmediaciones del inicio de acometida hacia el Refugio de Postero Alto o Ballesteros.
Tras el apeadero correspondiente, la carga de mochillas al hombro, acopio de bastones, una de apriete y otra de afloje de correas y de piernas, la foto de rigor de la familia montañera para el recuerdo, pues que iniciamos la marcha desde el Área Recreativa la Tizná ( a 1.465 m.a.). Inicio desde aquí que se decidió en vez de subir por el cortafuegos que dejamos atrás y con dirección hacia el Refugio de Postero Alto. Así que, después de descender un poco más con el microbús, trabajo nos costó convencer al conductor, acá que nos dejó en esta zona recreativa ubicada el barranco de Alcázar, situado en la confluencia del río Verde y el arroyo del Sabinal, con la idea de, aunque habíamos perdido un poco de altura, atacar por esta densa masa de pinares, con su sombra correspondiente, y continuar arroyo arriba (el que después nos toparíamos de frente) hasta las inmediaciones del Puerto de Trevélez, al que dejaríamos a nuestra izquierda. Pasando primero las de Caín, claro, bajo ese esfuerzo que nos mueve y promueve, pero que como bien dice nuestro sabio refranero, “sarna con gusto no pica” mientras yo le agrego... ¡Agárrate a la vereda que ahora es todo cuesta arriba!
Durante la ascensión, que sería el plato fuerte del día (sobre unas 7 ½ horas y sobre una cota máxima de unos 3.101 m.), vamos dejando atrás y a nuestra derecha las ruinas de la Casilla de los Rojos, la Piedra de los Ladrones y el barranco del Arroyo del Alhorí y siempre Jérez del Marquesado a nuestras espaldas.
Al llegar a una llanura, ya sobrepasado en poco el Puerto de Trevélez que dejamos a nuestra izquierda, el regalo para la vista que nos ofrece la naturaleza, desde esta cota de tres miles, es impresionante. A nuestra izquierda tenemos el Horcajo-Cerro Pelado con sus 3.182 m.; a nuestra derecha y al fondo, tan enormes como tan próximos, el Puntal de Vacares, La Alcazaba, El Mulhacén, y el Veleta. Ya con ese último respiro y de lo que se consigue tras el esfuerzo que le ponemos a lo que nos gusta, desde aquí, en fuerte descenso entre lajas y esas ganas en la llegada, hasta la Laguna de Juntillas (2.931 m.) donde pasaríamos la noche. Laguna de las más orientales de Sierra Nevada ( sin entrar en las del Puerto de Trevélez y Laguna Seca) y que destaca por sus vigorosos borreguiles, sobre todo en la zona de su cabecera, por donde recibe precisamente los principales aportes hídricos y en donde existen unas singulares plantas acuáticas con largos tallos y hojas muy filamentosas, y que podemos encontrar ya sumergidas o bien flotando; hablamos concretamente del "Esparganio" (Sparganium angustifolium Michx.) y que no se encuentra en ninguna otra laguna de Sierra Nevada, ni tan siquiera en el resto de humedales de alta ontaña de Andalucía; hallándose además al borde del peligro de extinción, en el llamado "peligro crítico - CR -" dentro de la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía; ya que su principal amenaza es la alteración del régimen de aguas y la eutrofización (enriquecimiento en nutrientes de un ecosistema acuático) de los humedales en los que habita. Laguna de Juntillas además que, al poseer una cubeta poco sobreexcavada no es para nada profunda. Aunque eso sí, debido a su fondo limoso posee una excelente impermeabilización que hace que su emisario no desaparezca en casi toda la época estival. Existiendo, en sus inmediaciones, unos chancales, lagunillo y charca bautizados todos con el mismo nombre, el de Juntillas.
Noche que por cierto, no pegaron ojo ni las piedras, ya que se levantó un viento de ahí no te agarres que te tuerzo. Dicha laguna, como la mayoría de las de Sierra Nevada, es de origen glaciar y está en el inicio del río de igual nombre que más tarde se une con el río Culo de Perro para formar el río Trevélez.
Al día siguiente levantamos el campamento. Después del recuento: dos tiendas mal heridas, algunos esterillos volatilizados que hubo que recogerlos a un kilómetro y medio por lo menos de distancia, así como prendas de abrigo y algunos restos de otras que se hubieran podido quedar a formar parte de la “bío” del río Juntillas si no hubiésemos ido a su pesca. Pero bueno son cosas de la naturaleza que después uno se acuerda y recuerda tan gratamente cuando pasan. Y como lema, vaya el de las camisetas del tractor amarillo y que nos patrocinó casa Juanma: “Con lo a gusto que estaría en el sofá”. Pero nada a caminar que es más sano y aquí no hay mando a distancia.
Empezamos la caminata mañanera del día 2 de julio cuesta abajo ya como regalo y recompensa de lo agradable, por la margen izquierda del río Juntillas y como la ley de la gravedad manda. Eso sí, algunos tocaron suelo por el fuerte viento reinante (seguía corriendo las de los huracanes).
Al poco, a la altura del Puntal de Vacares, tomamos la acequia del mismo nombre y continuándola llegamos hasta el Cortijo de las Jesusas (el Cortijo de las Mimbres para los lugareños porque está rodeado de cuatro grandes mimbres) y desde donde podemos observar una bonita vista de la Alcazaba. Aquí teníamos prevista la acampada, almorzar y pasar la noche, pero la hierba de a metro (acicalada y apuntándonos a la cara), el agua, que bajaba por todas partes, lo desaconsejaron de inmediato. Así que para estos casos se echó mano una vez más a la improvisación, decidiéndose continuar barranco abajo hasta la confluencia del río Juntillas con el río del Puerto (zona conocida como el Horcajo) y en donde nos encontramos con los restos de unos antiguos cortijos con su correspondiente era, para seguir después curso abajo del río Trévelez (llamado ya así, a partir de la unión de los dos anteriores) y buscar una buena zona para el almuerzo y libre de aguas. Pero cuanta agua... Cuanta agua, que hay por esta zona de la Alpujarra!
Tras el almuerzo, y una buena siesta continuamos la marcha. El primer sitio libre de humedades fue el nuestro para la acampada y ahí pudimos pasar la noche, durmiendo como Dios manda. Total que ya muy cerca de Trevélez (a unas dos horas aproximadamente) y a la margen derecha del río, decidimos instalar el campamento porque la tarde se acababa.
La noche, pues mejor que mejor, para todos. Ya no corría viento y los chistes, los té con sabor a Martini, las sopas “instant” y algún que otro preparado e invento casero cayeron como moscas a nuestro encuentro. Las mochilas lo primero, había que dejarlas vacías como fuera. El peso aún se medía en kilogramos y había que aliviar la carga.
Al día siguiente, lunes 3 de julio, y con mis cuarenta y todos a las espaldas, tras la cantada de ese cumpleaños feliz, que me emocionó lo que nunca uno sabe hasta que no te llega ese cante, pues que levantamos el campamento y todos con la mente puesta en Trevélez. Bueno mejor dicho en esas cervezas de a jarra y que nos supieron como a balsa de naufrago. Pueblo que se consigue, no sin antes saborear con la vista, el oido y el olfato y a través de un magnífico sendero que discurre entre abundante y exuberante vegetación, desembocando en la zona conocida como Molino Altero. De aquí por un carril rojizo de tierra en diez minutos nos deja en el barrio medio, justo en la Plaza de la Iglesia de Trevélez.
Destacar tengo por último la flora más característica y que nos econtramos en esta travesía: la Estrella de las Nieves (Plantago nivalis), la Tiraña carnívora (Pinguicula nevadensis), la Siempreviva (Sempervivum minutum) a apunto de reventar en flor, la violeta (Viola crassiuscula) y el Té de Sierra Nevada (Satureja alpina), las orquídeas silvestres (Dactylorhiza elata), el tomillo en flor con ese color rosa (Thymus serpylloides y la dedalera (Digitalis purpurea), fueron nuestras compañeras durante toda la marcha. La fauna, pues unos hermosos ejemplares del Apolo de Sierra Nevada (Parnassius apollo nevadensis) haciendo manitas, otros de cabra montés que avisté al amanecer abrevando en la Laguna de Juntillas, un enorme jabalí barranco abajo de las Albardas, vacas por doquier como Pedro por su casa y un rebaño de ovejas a sus anchas.
Y lo dicho, que muchas gracias a todos: Pepe, Emiliano, Julio, Jose, Fernando, Juan Fran, Puri, Clara, Juanma, Juli, Rafa, Manolo, Maria Angeles y Monse, por esas horas, esas dos noches y tres días cargados de alegrías y carcajadas. De parte de mi primo Antonio y María Angeles, de mi mujer y mía ("los cuatro agregaos al gazpacho"), que hasta la próxima nos vemos. Y que me llaméis para cualquier otra o cosa que se os ocurra. O como si queréis hacer las cincuenta lagunas de Sierra Nevada en una hora y un día; que nos apuntamos a esa ducha. Todo sea por ponernos esas chanclas veloces de nuevo y volver para contarlo.

Como siempre aquí os dejo con este puñado de instantáneas como recuerdo y recuento del "por allí estuvimos y nos lo pasamos de miedo". Eso sí, sin punto final que valga (esperemos), y a medio camino de lo venidero. ¡ Un saludo y hasta la próxima!

6 comentarios:

el guardia civil dijo...

La verdad es que ha sido una bonita travesia y el grupo exquisito, solo resaltar que haber si se integran en el futuro masajistas, que ya esta bien de tanto enfermero y maestros

venga un abrazo

Joseme dijo...

Eso,eso, que para una tirita que hizo falta nos mandaron a todo el Insalud, y los maestros nos dejaron "pa" septiembre.
Es broma! Que fue todo un placer andar con vosotros.

Anónimo dijo...

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